En el último año, las alfombras rojas, revistas y celebridades han dejado en evidencia que la delgadez extrema se ha vuelto a poner de moda. Moda que me parece sumamente peligrosa, echando por la borda todo lo que como sociedad parecíamos haber avanzado abogando por discursos "body positive". Si bien a ningún cuerpo le hace bien oscilar dependiendo de las modas, es algo que solamente pueden permitirse celebridades apoyadas en terapias de primer nivel, cirugías y el acceso a nuevos fármacos. El resto del mundo, que mira esto desde el sillón de su casa, muchas veces intenta copiar la moda corriendo graves riesgos metabólicos. Se hacen un muy mal favor porque será, irónicamente y al revés del dicho, "pan para hoy, pero hambre para mañana"; en simple: no lograrán un cambio que puedan sostener en el tiempo.

¿Qué son las drogas GLP-1?

También llamadas agonistas del receptor GLP-1, imitan al GLP-1 (glucagon-like-peptide 1), hormona que existe naturalmente en tu organismo. Originalmente se usan para tratar la obesidad y la diabetes tipo 2, aunque hoy se investigan sus efectos neuroprotectores. Después de comer, un tipo de células de tu intestino (las células L) liberan esta hormona al torrente sanguíneo, desde donde actúa sobre receptores en el páncreas, cerebro y otros órganos.

¿Cómo funcionan?

Estos fármacos imitan tu GLP-1 natural para mejorar el control del azúcar en la sangre y promover la pérdida de peso. Lo hacen aumentando la secreción de insulina, disminuyendo el glucagón, reduciendo el apetito a través de vías de señalización cerebral y retrasando el vaciamiento gástrico, lo que prolonga la sensación de saciedad.

Riesgos nutricionales y pérdida de salud

Los efectos adversos existen, desde mareos y taquicardia hasta problemas en la vesícula. En términos nutricionales, el riesgo se dispara: las personas pueden caer en conductas restrictivas severas, consumiendo apenas 300 a 400 calorías diarias. Un estudio en más de 461.000 adultos mostró que un 22.4% presentó deficiencias nutricionales al año de uso, siendo comunes la falta de vitamina D, vitaminas B y anemia. Además, esta rápida baja de peso se acompaña de una preocupante pérdida de masa muscular y ósea, llevando a un importante riesgo de sarcopenia si no hay un consumo adecuado de proteínas y entrenamiento de fuerza.

¿Por qué fallan en el largo plazo?

Sin un soporte integral, el uso intermitente de GLP-1 y el posterior efecto rebote empeoran la calidad muscular a largo plazo, elevando el riesgo de obesidad sarcopénica. La buena noticia es que, en personas sin diagnóstico de obesidad clínica o diabetes, no se necesitan estas drogas para bajar de peso.

Lo que sí funciona

La fibra dietética fermentable es capaz de aumentar naturalmente las hormonas intestinales como el GLP-1, regulando el apetito sin los riesgos farmacológicos. Fibras solubles como los betaglucanos o la pectina (presentes en avena, legumbres o manzanas) son fermentadas por nuestras bacterias intestinales produciendo ácidos grasos de cadena corta que estimulan una secreción saludable y sostenida de GLP-1 y PYY (otra hormona de saciedad).

Con severas restricciones o aversión a la comida provocada por fármacos, el riesgo de trastornos alimentarios es real y requiere intervención, así como cualquier tratamiento o terapia debe ser debidamente acompañada. Esto nos obliga a una reflexión necesaria: como sociedad, necesitamos reeducarnos sobre el hambre. Los cambios profundos no ocurren de la noche a la mañana, sino en el largo plazo, construidos en el día a día. Sobre esto último hablaré más en otro momento.

Referencias

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