Cuando alguien cercano busca un embarazo y los meses pasan sin noticias, el silencio suele incomodar. Ante esta falta de respuestas, quienes pueden permitírselo piensan rápidamente en métodos de reproducción asistida, como la fertilización in vitro. Si bien la ciencia ofrece alternativas efectivas, sus resultados son variables y el estrés psicológico que generan es altísimo. Muchos llegan a estas instancias clínicas resignados después de escuchar que la dificultad para concebir es por su edad o simplemente mala suerte. Dejando de lado el impacto emocional que provoca un mensaje así, hacer creer a las personas que su único rol es esperar pasivamente es un error. Existen acciones concretas que facilitan la concepción y aseguran un desarrollo gestacional saludable, y la mayoría dependen de decisiones cotidianas.
En Chile esto importa más que nunca. Las cifras provisionales del INE para 2025 indican que el país alcanzó la tasa global de fecundidad más baja desde que se lleva registro (0,97 hijos por mujer), consolidando una caída en los nacimientos de casi el 60% en las últimas tres décadas. Una estrategia integral frente a este panorama requiere entender que la raíz de este problema es compleja y que uno de los frentes de mayor impacto se juega en los hábitos diarios: en la casa y en el plato de cada persona.
Es un trabajo de dos: el factor masculino
Históricamente, el peso de la fertilidad ha recaído sobre la mujer. Sin embargo, la evidencia demuestra que el factor masculino es determinante. La comunidad científica y las guías clínicas sostienen la "Regla de los Tercios": entre el 30% y el 40% de los casos de infertilidad se deben exclusivamente a un factor masculino, una proporción similar a factores femeninos, y el resto a causas mixtas o idiopáticas (Agarwal et al., 2015).
Este consenso explica el preocupante declive global de la fertilidad masculina, evidenciado por una caída del 60% en el conteo de espermatozoides entre 1973 y 2018 (Levine et al., 2023). Desde la biología, el motivo es claro: el espermatozoide posee una capacidad de defensa antioxidante muy limitada, lo que lo hace extremadamente susceptible a la fragmentación de su ADN producto del estrés oxidativo. Por lo tanto, el estilo de vida y el entorno del hombre son piezas claves en esta ecuación.
La raíz del problema y la programación de la salud futura
Para comprender la infertilidad actual, es imperativo mirar la nutrición. Niveles deficientes de vitamina D, por ejemplo, impactan negativamente el mantenimiento de la reserva ovárica y agravan la resistencia a la insulina en la mujer, mientras que en el hombre se asocia con bajo recuento espermático o con mala movilidad. El déficit de hierro obstaculiza la oxigenación de los tejidos y el metabolismo celular, y una carencia de yodo eleva directamente el riesgo de malformaciones congénitas y aborto espontáneo.
Estas carencias no solo tienen la capacidad de dificultar o imposibilitar el embarazo, sino que alteran directamente la expresión genética del futuro niño. El periodo que abarca desde la concepción hasta los dos años de vida (los primeros 1.000 días) es una ventana crítica donde la nutrición puede ejercer modificaciones epigenéticas. Nutrientes como el ácido fólico, la vitamina B12 y la vitamina B6 actúan como coenzimas esenciales en el "metabolismo de un carbono", facilitando la metilación del ADN. Este proceso silencia genes ligados a enfermedades y programa metabólicamente al individuo para el resto de su vida.
El poder terapéutico de tu plato
Nutrirte de manera estratégica ejerce efectos inmediatos sobre tu biología reproductiva. Una dieta rica en vitaminas A, C, E, zinc y selenio aporta antioxidantes necesarios para proteger tanto al óvulo como al espermatozoide del daño oxidativo, garantizando embriones más viables.
A nivel metabólico, priorizar carbohidratos de baja carga glicémica previene los picos de insulina, un paso esencial para regular la ovulación en la mujer. Si a esto sumamos la decisión consciente de reemplazar parte de la proteína animal por proteína de origen vegetal, logramos reducir las tasas de infertilidad por anovulación. Finalmente, asegurar un aporte alto de grasas poliinsaturadas (como el Omega-3) ayuda a desinflamar el entorno intrauterino y favorece la espermatogénesis.
La fertilidad responde directamente a la información bioquímica que se le entrega al cuerpo a diario. Al corregir deficiencias nutricionales y optar por una alimentación con propósito, es posible no solo aumentar las probabilidades de concebir, sino que también se construyen los cimientos biológicos de la salud de la siguiente generación. Pensando en fertilidad, la nutrición devuelve el poder y permite preparar el terreno para ese embarazo tan buscado.
Referencias
- Agarwal, A., Mulgund, A., Hamada, A., & Chyatte, M. R. (2015). A unique view on male infertility around the globe. Reproductive Biology and Endocrinology, 13(1). https://doi.org/10.1186/s12958-015-0032-1
- Chavarro, J. E., Rich-Edwards, J. W., Rosner, B. A., & Willett, W. C. (2008). Protein intake and ovulatory infertility. American Journal of Obstetrics and Gynecology, 198(2). https://doi.org/10.1016/j.ajog.2007.06.057
- Instituto Nacional de Estadísticas (INE), Chile (2025). Cifras provisionales de Estadísticas Vitales confirman disminución de nacimientos en 2024.
- Levine, H., et al. (2023). Temporal trends in sperm count: a systematic review and meta-regression analysis of samples collected globally in the 20th and 21st centuries. Human Reproduction Update, 29(2), 157-176. https://doi.org/10.1093/humupd/dmac035
- Muffone, A. R. M. C., et al. (2022). Mediterranean diet and infertility: a systematic review with meta-analysis of cohort studies. Nutrition Reviews. https://doi.org/10.1093/nutrit/nuac087
- Panduro-Barón, J. G., et al. (2021). Obesidad y sus complicaciones maternas y perinatales. Ginecología y Obstetricia de México, 89(7), 530-539. https://doi.org/10.24245/gom.v89i7.4561