En 1980, investigadores del Eastern Cooperative Oncology Group revisaron los datos de 3.047 pacientes con cáncer que iban a empezar quimioterapia y encontraron algo que entonces no era obvio: quienes habían perdido peso antes de la primera sesión vivían menos que quienes llegaban con su peso estable, y eso se repetía en nueve de los doce protocolos estudiados (DeWys et al., 1980). La pérdida de peso era además muy común —de un 31% en algunos linfomas a un 87% en el cáncer gástrico—, y hasta entonces se leía como una consecuencia inevitable de la enfermedad. Es algo que hoy toca a muchas familias: sólo en Chile se estimaron 59.887 casos nuevos de cáncer y 31.498 muertes durante 2024 (Ervik et al., 2026). Ese trabajo de 1980 abrió la pregunta que la oncología lleva décadas respondiendo: qué parte de ese deterioro se puede modificar.
Ese deterioro tiene nombre propio: caquexia, la pérdida continua de masa muscular que no se revierte por completo con el soporte nutricional habitual, y que se reconoce cuando el peso cae más de un 5% en seis meses (Fearon et al., 2011). Avanza en tres etapas —precaquexia, caquexia y caquexia refractaria— y de la etapa en que se detecte depende lo que se puede hacer.
Lo que se aprendió por el camino difícil
A fines de los años sesenta, Dudrick y su equipo demostraron que se podía alimentar por vía intravenosa a quien no lograba usar el tubo digestivo (Dudrick et al., 1968), y por años pareció lógico dar esa nutrición parenteral de rutina a todo paciente en quimioterapia. Un metaanálisis de 1990 mostró que no era así: no mejoró la supervivencia ni la respuesta al tratamiento, y multiplicó por cuatro las complicaciones infecciosas (McGeer et al., 1990). El mismo aprendizaje se repitió décadas después en cáncer avanzado: al agregar nutrición parenteral al cuidado de pacientes con caquexia y sin obstrucción intestinal, un ensayo aleatorizado francés no mejoró la calidad de vida, empeoró la función física y aumentó los eventos adversos graves, por lo que sus autores desaconsejan usarla cuando la expectativa de vida es menor a tres meses (Bouleuc et al., 2020). En esa etapa el objetivo cambia: ya no se busca recuperar peso, sino que la persona coma lo que le haga bien y que la familia no viva cada comida como una pelea, porque ver a alguien dejar de comer también angustia a quien cocina y acompaña (Amano et al., 2023). Desde ese entonces se recomienda partir por lo más simple —consejería y tratamiento de los síntomas que impiden comer—, sumar suplementos orales si eso no alcanza y recién entonces evaluar la nutrición enteral o parenteral, sin saltarse escalones (Muscaritoli et al., 2021).
Qué funciona, en qué momento y por qué
La razón de fondo es concreta: el músculo es la reserva con la que el cuerpo tolera el tratamiento. En un metaanálisis de 48 estudios, tener poca masa muscular se asoció con más del doble de riesgo de toxicidad (Surov et al., 2021), y por eso las guías piden más proteína que a la población general, sobre 1 gramo por kilo de peso al día y hasta 1,5 si se puede (Muscaritoli et al., 2021). El ensayo que mejor lo ilustra siguió a 111 pacientes con cáncer colorrectal durante la radioterapia, separados en tres grupos: quienes recibieron consejería nutricional individualizada con alimentos de siempre tuvieron una supervivencia mediana de 7,3 años, frente a 6,5 años en quienes sólo recibieron suplementos y 4,9 años en quienes no tuvieron acompañamiento; la toxicidad tardía apareció además en el 9% del primer grupo, frente al 59% y el 65% de los otros dos (Ravasco et al., 2012). Es un estudio pequeño y de un solo centro, pero sí indica que aprender a comer rindió más que recibir un suplemento.
Los momentos en que más rinde son los que se pueden anticipar: cuando se sabe que viene una hospitalización o una cirugía y aún hay tiempo de preparar el cuerpo. En 506 pacientes hospitalizados con cáncer y riesgo nutricional, un soporte nutricional individualizado redujo la mortalidad a 30 días del 19,9% al 14,1% frente a la comida estándar del hospital (Bargetzi et al., 2021). Alrededor de una cirugía ocurre algo parecido: un metaanálisis de 48 ensayos con 4.825 pacientes operados de cáncer digestivo o de cabeza y cuello encontró que la inmunonutrición perioperatoria —fórmulas con arginina, omega-3 y glutamina— redujo cerca de un 30% las complicaciones infecciosas, con certeza de la evidencia alta (Matsui et al., 2024); y cuatro semanas de preparación antes de operarse, con ejercicio, nutrición y apoyo psicológico, bajaron las complicaciones graves del 29,7% al 17,1% (Molenaar et al., 2023). Hay también evidencia contraria: una revisión que reunió los 252 ensayos aleatorizados de intervenciones dietéticas en cáncer no encontró efecto sobre los desenlaces oncológicos en los estudios grandes (Ilerhunmwuwa et al., 2024), y eso encaja con todo lo anterior, porque el beneficio aparece donde hay algo que corregir, no por comer mejor en general.
El peso, el músculo y el apetito son justamente lo que la enfermedad y el tratamiento van desgastando, y recuperarlos a mitad de camino —con náuseas, con el gusto cambiado, con llagas en la boca y con menos fuerza para cocinar— es mucho más difícil que cuidarlos mientras todavía están. Y es ahí donde el sistema falla: una revisión de la sociedad estadounidense ASPEN validó seis herramientas simples para detectar riesgo nutricional en pacientes oncológicos ambulatorios, pero constató que todavía no se aplican de forma amplia en los centros de tratamiento (Trujillo et al., 2024).
Por eso la conversación sobre la alimentación no debería esperar a que aparezca la pérdida de peso, sino empezar junto con el tratamiento, cuando aún hay margen para llegar con reservas a cada ciclo. Medio siglo de evidencia no dice que la comida cambie el curso del tumor; dice que cambia con qué cuerpo se atraviesa el camino, y eso sí se puede preparar desde el primer día.
Referencias
Amano, K., Morita, T., Miura, T., Mori, N., Tatara, R., Kessoku, T., Matsuda, Y., Tagami, K., Otani, H., Mori, M., Taniyama, T., Nakajima, N., Nakanishi, E., Kako, J., Ishiki, H., Matsuoka, H., Satomi, E., Hopkinson, J. B., Baracos, V. E., & Miyashita, M. (2023). Development and validation of questionnaires for eating-related distress among advanced cancer patients and families. Journal of Cachexia, Sarcopenia and Muscle, 14(1), 310–325. https://doi.org/10.1002/jcsm.13133
Bargetzi, L., Brack, C., Herrmann, J., Bargetzi, A., Hersberger, L., Bargetzi, M., Kaegi-Braun, N., Tribolet, P., Gomes, F., Hoess, C., Pavlicek, V., Bilz, S., Sigrist, S., Brändle, M., Henzen, C., Thomann, R., Rutishauser, J., Aujesky, D., Rodondi, N., … Schuetz, P. (2021). Nutritional support during the hospital stay reduces mortality in patients with different types of cancers: Secondary analysis of a prospective randomized trial. Annals of Oncology, 32(8), 1025–1033. https://doi.org/10.1016/j.annonc.2021.05.793
Bouleuc, C., Anota, A., Cornet, C., Grodard, G., Thiery-Vuillemin, A., Dubroeucq, O., Crétineau, N., Frasie, V., Gamblin, V., Chvetzoff, G., Favier, L., Tournigand, C., Grach, M. C., Raynard, B., Salas, S., Capodano, G., Pazart, L., & Aubry, R. (2020). Impact on health-related quality of life of parenteral nutrition for patients with advanced cancer cachexia: Results from a randomized controlled trial. The Oncologist, 25(5), e843–e851. https://doi.org/10.1634/theoncologist.2019-0856
DeWys, W. D., Begg, C., Lavin, P. T., Band, P. R., Bennett, J. M., Bertino, J. R., Cohen, M. H., Douglass, H. O., Jr., Engstrom, P. F., Ezdinli, E. Z., Horton, J., Johnson, G. J., Moertel, C. G., Oken, M. M., Perlia, C., Rosenbaum, C., Silverstein, M. N., Skeel, R. T., Sponzo, R. W., & Tormey, D. C. (1980). Prognostic effect of weight loss prior to chemotherapy in cancer patients. The American Journal of Medicine, 69(4), 491–497. https://doi.org/10.1016/s0149-2918(05)80001-3
Dudrick, S. J., Wilmore, D. W., Vars, H. M., & Rhoads, J. E. (1968). Long-term total parenteral nutrition with growth, development, and positive nitrogen balance. Surgery, 64(1), 134–142.
Ervik, M., Laversanne, M., Lam, F., Colombet, M., Ferlay, J., Filho, A. M., & Bray, F. (2026). Global Cancer Observatory: Cancer Today (estimaciones 2024, versión 1.0) — Ficha país: Chile. International Agency for Research on Cancer. https://gco.iarc.who.int/media/globocan/factsheets/populations/152-chile-fact-sheet.pdf
Fearon, K., Strasser, F., Anker, S. D., Bosaeus, I., Bruera, E., Fainsinger, R. L., Jatoi, A., Loprinzi, C., MacDonald, N., Mantovani, G., Davis, M., Muscaritoli, M., Ottery, F., Radbruch, L., Ravasco, P., Walsh, D., Wilcock, A., Kaasa, S., & Baracos, V. E. (2011). Definition and classification of cancer cachexia: An international consensus. The Lancet Oncology, 12(5), 489–495. https://doi.org/10.1016/S1470-2045(10)70218-7
Ilerhunmwuwa, N. P., Abdul Khader, A. H. S., Smith, C., Cliff, E. R. S., Booth, C. M., Hottel, E., Aziz, M., Lee-Smith, W., Goodman, A., Chakraborty, R., & Mohyuddin, G. R. (2024). Dietary interventions in cancer: A systematic review of all randomized controlled trials. JNCI: Journal of the National Cancer Institute, 116(7), 1026–1034. https://doi.org/10.1093/jnci/djae051
Matsui, R., Sagawa, M., Sano, A., Sakai, M., Hiraoka, S.-I., Tabei, I., Imai, T., Matsumoto, H., Onogawa, S., Sonoi, N., Nagata, S., Ogawa, R., Wakiyama, S., Miyazaki, Y., Kumagai, K., Tsutsumi, R., Okabayashi, T., Uneno, Y., Higashibeppu, N., & Kotani, J. (2024). Impact of perioperative immunonutrition on postoperative outcomes for patients undergoing head and neck or gastrointestinal cancer surgeries: A systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. Annals of Surgery, 279(3), 419–428. https://doi.org/10.1097/SLA.0000000000006116
McGeer, A. J., Detsky, A. S., & O'Rourke, K. (1990). Parenteral nutrition in cancer patients undergoing chemotherapy: A meta-analysis. Nutrition, 6(3), 233–240.
Molenaar, C. J. L., Minnella, E. M., Coca-Martinez, M., Ten Cate, D. W. G., Regis, M., Awasthi, R., Martínez-Palli, G., López-Baamonde, M., Sebio-Garcia, R., Feo, C. V., van Rooijen, S. J., Schreinemakers, J. M. J., Bojesen, R. D., Gögenur, I., van den Heuvel, E. R., Carli, F., & Slooter, G. D. (2023). Effect of multimodal prehabilitation on reducing postoperative complications and enhancing functional capacity following colorectal cancer surgery: The PREHAB randomized clinical trial. JAMA Surgery, 158(6), 572–581. https://doi.org/10.1001/jamasurg.2023.0198
Muscaritoli, M., Arends, J., Bachmann, P., Baracos, V., Barthelemy, N., Bertz, H., Bozzetti, F., Hütterer, E., Isenring, E., Kaasa, S., Krznaric, Z., Laird, B., Larsson, M., Laviano, A., Mühlebach, S., Oldervoll, L., Ravasco, P., Solheim, T. S., Strasser, F., … Bischoff, S. C. (2021). ESPEN practical guideline: Clinical Nutrition in cancer. Clinical Nutrition, 40(5), 2898–2913. https://doi.org/10.1016/j.clnu.2021.02.005
Ravasco, P., Monteiro-Grillo, I., & Camilo, M. (2012). Individualized nutrition intervention is of major benefit to colorectal cancer patients: Long-term follow-up of a randomized controlled trial of nutritional therapy. The American Journal of Clinical Nutrition, 96(6), 1346–1353. https://doi.org/10.3945/ajcn.111.018838
Surov, A., Pech, M., Gessner, D., Mikusko, M., Fischer, T., Alter, M., & Wienke, A. (2021). Low skeletal muscle mass is a predictor of treatment related toxicity in oncologic patients: A meta-analysis. Clinical Nutrition, 40(10), 5298–5310. https://doi.org/10.1016/j.clnu.2021.08.023
Trujillo, E. B., Kadakia, K. C., Thomson, C., Zhang, F. F., Livinski, A., Pollard, K., Mattox, T., Tucker, A., Williams, V., Walsh, D., Clinton, S., Grossberg, A., Jensen, G., Levin, R., Mills, J., Singh, A., Smith, M., Stubbins, R., Wiley, K., … Spees, C. K. (2024). Malnutrition risk screening in adult oncology outpatients: An ASPEN systematic review and clinical recommendations. Journal of Parenteral and Enteral Nutrition, 48(8), 874–894. https://doi.org/10.1002/jpen.2688